--¿Como explica un periodista veterano como usted la
transformación de los medios, aquellos que se han sumado de forma
acrítica a lo que impulsaba el Gobierno de la Generalitat? ¿O esa
degradación ya venía de lejos?
--Hay medios que han intentado salvarse, en algunos momentos, de ser
arrastrados por la corriente. Desde el poder, con todos sus recursos, se
ha dominado –creado y orientado- la opinión pública. Y esta, en gran
medida, se ha impuesto a la opinión publicada. Un bucle perfecto. Sin
que se alzasen las voces del pensamiento crítico. O lo hicieran
débilmente. En no pocos casos, han dejado de ser críticas para pasarse
al coro dominante. Generalmente, por intereses económicos, de cargos o
de notoriedad. Otras, de forma temerosa o heroicamente, se han refugiado
en las nuevas catacumbas. Por ejemplo, en libros, publicaciones
minoritarias o especializadas. Con lo cual su voz ha quedado apagada,
emergiendo así una sociedad banal y frívola, de pensamiento único y
gris, de 'tarifa plana'.
--Usted conoció a Jordi Pujol como el gran timonel de El
Correo Catalán. ¿Cree que es el máximo responsable de la deriva
independentista? ¿Tenía el proyecto en su cabeza ya en 1980?
--Jordi Pujol intervino decisivamente en los últimos años de El Correo Catalán,
llegando a presidir sus consejos de administración, reuniones de
redacción y escribiendo o encargando editoriales o artículos, más allá
de las famosas consignas. Como el diario tuvo una gran popularidad e influencia, Pujol quiso aprovecharse del prestigio del Correo como
trampolín para su carrera política y sus proyectos: su idea de
Cataluña, que yo no compartía. No lo veo como el máximo responsable de
la deriva independentista, que ocurrió descaradamente con Artur Mas, con su decisión mesiánica en
2012. Creyó que la gran manifestación del 2012 era independentista,
cuando había mucho de protesta debido a la crisis económica y por los
recortes, y se subió al caballo. Es cierto que Pujol puso los
fundamentos de un catalanismo serio, pero bastante radicalizado, que
luego derivó en independentismo. No creo que Pujol hubiese dado nunca
este paso, menos de la forma como se hizo. Ha recorrido y conoce bien la
geografía española y, antes de su estruendosa "confesión" de fraude,
además de muy conocido era valorado a todos los niveles, en España y
fuera. Inteligente y muy culto –con él se puede hablar de economía y de
teología-, en política procuraba respetar el marco legal. Fue declarado
"español del año" por el diario monárquico ABC. Creía en la
Cataluña "nación", y es posible que en el fondo la creación de un estado
catalán estuviera tempranamente en su cabeza. Pero siempre fue muy
realista en sus actuaciones, aunque más idealista y radical en sus
palabras. Sorprendió a todos el conocimiento de sus implicaciones,
directas o indirectas, en los presuntos fraudes millonarios que se han
publicado. Y ha fulminado el prestigio de una vigorosa personalidad
política. Pero ni su prestigio ni su fuerte liderazgo político deben
torcer el rumbo de la Justicia, que aún no ha dicho la última palabra.
--¿Qué papel ocupó el diario El Correo Catalán en el panorama periodístico de la época, y Jordi Pujol en concreto?
-Habíamos convertido El Correo Catalán en un diario muy
profesionalizado, que fue la razón de su éxito. Pensado en catalán y
escrito en castellano, se apostó por la democratización, el catalanismo y
la preocupación social. Cobijó a firmas de gran prestigio, como Josep
Pla, Joan Fuster, José María Gironella, Pere Calders, Fabián Estapé,

Sempronio, Llorenç Gomis, Lorenzo Contreras, Cesc y Perich, por
ejemplo. Tuvo una gran influencia social, aún ahora se le recuerda como
un referente, casi un mito. Sin duda fue motor y un adelantado del
cambio hacia la democratización. No pocas personalidades se dedicaron a
la política influidos por este diario. Aunque es una anécdota, yo mismo
fui elegido "periodista popular español del año" por el entonces
considerado progresista diario Pueblo, de Madrid, pese a mis choques con algunos ministros, especialmente Fraga: "yo le puedo silenciar", "hay que desespinizar El Correo Catalán",
decía. Tuve la suerte de que muchos de mis artículos se reproducían en
diarios de todo el Estado, que no se atrevían a escribir lo que decía en
ellos, y se amparaban en su cita o copia. Andreu Roselló fue el gran director del diario, con una personalidad muy independiente hoy difícil de encontrar, y Manuel Ibáñez Escofet su dinamizador durante mucho tiempo. Como digo, Jordi Pujol quiso aprovecharse del prestigio e influencia del Correo
como trampolín de su carrera política y de su ideología. ¿También de
sus negocios? Lo politizó tanto y partidistamente, que lo hundió en poco
tiempo. El mito de El Correo Catalán pasó así a la historia.
--En su libro, Quan volien silenciar-me, añade
coletillas cuando se refiere a su propia formación, a la muestra de
banderas en los balcones, a la evolución, en definitiva, de la política
catalana. Con ellas constata que hay un salto acelerado en los últimos
diez o quince años. A su juicio, ¿por qué se produce ese salto?
--El dominio de la escuela, con la imposición del catalán –lengua que
había sido duramente perseguida--, y cierta manipulación de la
historia, empezaron a dar sus frutos en la formación de los jóvenes.
Muchos de ellos luego fueron maestros y profesores que impartieron sus
ideas, o fueron profesionales de renombre y también políticos con
influencia. Por otra parte, el ascendente de la Generalitat en los
medios de comunicación, con un control total de los públicos y un gran
peso en los privados, crearon una opinión social muy potente, que es la
que dinamiza las grandes manifestaciones. Manifestaciones que desde la
Generalitat y con la ayuda decisiva de conocidas instituciones por ella
dominadas, se han convertido cada vez más en actos de reivindicación y
protesta de un solo signo. La escuela, la interpretación de la historia y
la decantación, voluntaria o forzada, de los medios, han sido los
grandes pilares --con la decisiva ayuda de la miopía y cerrazón de los
gobiernos de Madrid-- sobre los que se asentaría la política pasional,
confusa y sectaria, de los últimos años.
-Una de las consideraciones que se han formulado desde un
punto de vista sociológico, es que hay dos Cataluñas claramente
definidas. Y que una tendría prácticamente como capital la ciudad que
usted tanto conoce, como es Vic. ¿Qué representa Vic en estos momentos?
--Estas dos Cataluñas vienen reflejadas en las distintas
elecciones, desde hace unos años. La nostálgica y la progresista. La conservadora de las tradiciones y valores de siempre,
y la abierta a actitudes y valores nuevos. Suelen coincidir con la
población rural y de pequeñas ciudades, y la de las grandes ciudades y
conurbaciones urbanas. Vic es una ciudad mediana que ha
cambiado mucho y se ha modernizado muy rápidamente, con sorpresa de no
pocos por su viraje al radicalismo.
--¿Cómo se ha producido este cambio en la Ciutat dels Sants?
--Vic ha pasado varias veces del seny a la rauxa, y
al revés. Cuando a finales del siglo XIX se trazó la línea férrea, que
la uniría con Barcelona, hubo grandes protestas, se creía que llegarían
por ella todos los males. Ahora, muchos estudiantes barceloneses y de
otras partes van a cursar sus estudios en su universidad. El seminario
de Vic, casi una gran fortaleza arquitectónica, fue construido durante
el franquismo con dinero procedente de Madrid. Hoy los seminaristas de
aquella comarca caben en pocos pisos de Barcelona, y aquella fortaleza
que sobresale en la silueta de la ciudad, está vacía o dedicada a otros
menesteres distintos a la formación de futuros sacerdotes. Recuerdo,
también, una gran montaña de figuras religiosas y objetos de culto en la
gran Plaça Major que debían ser quemados por orden de los milicianos
republicanos a principios de la Guerra Civil. Y que, luego, las visitas
de Franco a la ciudad fueron un acontecimiento que congregaba una
multitud. Ahora la Ciutat dels Sants tiene las iglesias casi
vacías y del dogmatismo religioso se ha pasado al dogmatismo político
del independentismo. Es más fácil transitar de una mentalidad dogmática a
otra también dogmática, que hacia el pensamiento abierto, relativizador
y tolerante. Quizás por esto, muchos curas, vicenses o no, han pasado
de creer firmemente en Dios a practicar la fe soberanista del
separatismo. El catalanismo del que Vic fue capital, creativo,
dialogante e integrador, que tantos frutos dio, se ha ido a hacer
puñetas.
--Ahora se han cumplido cinco años de la confesión de Jordi Pujol. Usted, en su libro, recuerda que Pujol fue accionista de El Correo Catalán
hasta el último momento, hasta la desaparición de la editora, en
1985-1986, ya con la mayoría absoluta de Pujol. ¿Ha engañado Pujol desde
el primer momento con su patrimonio o con sus recursos monetarios en el
extranjero?
--Seguramente ha engañado desde el principio de su vida pública.
Jordi Pujol lamentablemente ha estafado a Hacienda, pero ha hecho por
Cataluña más que nadie. Consiguió que se recobrara el sentido de país,
después de que la dictadura borrara casi todo sentido de identidad
propia. Los catalanes volvieron a tener conciencia de su catalanidad,
con rasgos muy diferenciados de los restantes territorios estatales. Con
sus virtudes y miserias, pero con conciencia de pertenecer a un país
diverso, propio. Además, creó la Generalitat, con Govern y Parlament.
Puso las piedras angulares de muchas instituciones de peso específico, y el catalán volvió a ser lengua oficial y propia.
Puede discutirse las maneras como lo hizo, pero lo hizo. Pese a todos
los fallos, tuvo sentido de estado para una región o nación sin estado.
Las bases las puso él, como un segundo Prat de La Riba.
El catalanismo volvió a resurgir con fuerza y con capacidad de diálogo
dentro y fuera de España. ¿Paralelamente engañaba ocultando su
patrimonio y recursos monetarios en el extranjero? Muchos hemos tenido
esta desilusionante sensación: su estatua para la historia ha caído del
pedestal.
--¿Considera que la famosa deixa es dinero de Banca Catalana?
--Pienso que esto de momento no lo puede asegurar nadie, pese a su
aparente vinculación. Quizás un día la Justicia lo esclarezca. Yo no
negaría que lo de "la deixa" en cierta parte fuera verdad.
¿Todo fue un invento? Tiene bastante de verosímil teniendo en cuenta la
época en que Pujol la sitúa, y su estudiado relato, pero ya no tanto en
cuanto a la cantidad de dinero que se baraja últimamente respecto a toda
la familia. Es difícil, sin embargo, que se lo crean los que perdieron
su dinero en el caso Banca Catalana. Por otra parte, se habla menos del asunto Casinos, de donde parece que procedía mucho dinero.
--Usted experimentó las dificultades de realizar un
periodismo valiente, durante el franquismo y en la transición. ¿Cree que
se ha dejado de practicar?
--Hice lo que pude y dio buen resultado. Los que practicamos aquel
periodismo que usted califica de valiente tenía una gran motivación: la
lucha contra la dictadura y conseguir la democracia y la libertad. Ahora
se lucha por discutibles ideologías e intereses más pequeños, no por
aquel gran ideal. Por motivaciones minoritarias o de un sector, cuando
no partidistas o personales. Es una guerra de guerrillas. Y esto no
motiva como entonces. Tenemos democracia, con defectos y carencias, pero
democracia. Y una libertad como pocas veces ha conocido nuestro país.
Por esto habría que tener más cuidado en la utilización que se está
haciendo con demasiada frecuencia, de las palabras democracia y
libertad. Son conceptos muy serios, que no sirven para peleas de patio o
de barrio.
--¿Qué se podría hacer para que los medios públicos de la
Generalitat, como TV3 y Catalunya Ràdio realizaran la labor pública que
les fue encomendada?
--Liberarlas del control del Govern, que ahora es total. Antes han
tenido menos dependencia que ahora, pero nunca han dejado de ser
controladas por el gobierno catalán. Es osado decir que al principio les
fue encomendada una labor pública ejemplar, porque desde su nacimiento
estuvieron al servicio del gobierno de turno. Y esta no es la función
propia de un medio público, que ha de ser la información veraz, la
neutralidad y la pluralidad. Su manipulación es nefasta ya que muchos
ciudadanos se nutren principalmente de las noticias y opiniones de estos
medios. Las entidades profesionales debieran estar más vigilantes
--¡sin miedo!-- del comportamiento de estos medios. Y el CAC no cumple en absoluto la función que debiera: ¿dónde está la pluralidad por la que debe velar?
--¿Qué falla en ese caso, la estructura o los propios profesionales, que han abrazado una causa como propia?
--De entrada, la propia estructura que los hace dependientes del
poder. Esto requiere una reforma radical. Los profesionales de un medio
público se deben a los principios básicos por los que debe regirse éste.
Y esto es incompatible con su adscripción o militancia a cualquier
corriente ideológica o actividad política partidista; en todo caso, ésta
no debe influir ni manifestarse a través del medio en que trabaja. Hay
demasiados 'periodistas políticos' y 'políticos periodistas'.
Principalmente en las llamadas tertulias, en las que todo se confunde.
No se olviden los códigos deontológicos, de los que la profesión
catalana fue una adelantada. Parece claro que algunos de los
profesionales de estos medios comulgan o se ponen a gusto al servicio de
la causa que defiende el medio politizado, pero otros se someten –primum vivere--
a sus directrices por motivos económicos ya que suelen estar bien
remunerados. También hay que reconocer que los medios que usted cita
suelen tener una muy buena calidad técnica, pero debería avergonzar a
sus profesionales el vasallaje político a que están sometidos. Allá cada
cual con su conciencia.
--¿Entiende que se ha producido una situación paralela a la
de los periodistas de la transición? Si entonces los jóvenes
profesionales de la información estaban al lado de los políticos
demócratas, totalmente implicados, porque el objetivo común era alcanzar
un sistema democrático, ahora ¿se implican también los periodistas más
jóvenes y no tan jóvenes en la causa por la independencia?
--En absoluto es una situación paralela. Como bien dice, los
periodistas de la transición formaron, espontáneamente, un frente
ejemplar contra la dictadura y a favor de la democracia. Asumiendo
riesgos que muchos pagaron caros. Algunos, quizás, se pusieron del lado
personal de algún político concreto, pero el objetivo común era alcanzar
un sistema democrático de libertad y justicia social. Muchos se
implicaron totalmente, quizás algunos perdiendo incluso el sentido
crítico que siempre ha de caracterizar al profesional de la información.
Aunque fue la época de mayor libertad de prensa, en la que se forjaron
firmas importantes, también se cayó en un cierto fanatismo, por la
pérdida de aquel sentido crítico, lo cual después se ha pagado por
ciertos errores. En la transición también se cometieron algunos errores
por falta de experiencia. La Constitución del 78
fue un gran logro, que conviene conservar y mejorar. Instauró una
sólida democracia avanzada, pero con lagunas e imprecisiones que
facilitaron los consensos.
--Usted reitera en su biografía que siempre hay que "sumar,
no restar". ¿Qué se debería sumar ahora con el resto de España? ¿Cómo se
puede avanzar de forma conjunta, desde Vic hasta Huelva? ¿Hay un
proyecto conjunto posible?
--No se parecen en nada estas dos ciudades. Están en un mismo Estado
hace siglos: un espacio geopolítico y en alguna medida histórico. Esto
crea flujos humanos y sentimientos de pertenencia. Un marco legal común,
con una Constitución masivamente refrendada después de
una dictadura que padecimos todos. El proyecto más razonable
--pienso-- sería un Estado Federal. Encajaría pluralidad y diversidad,
la suma necesaria para una fuerte personalidad política y una presencia
con peso en Europa. Y no se restaría nada: lengua, cultura, historia,
idiosincrasia, etc. Por tanto, un posible proyecto conjunto, una suma de
esfuerzos, en esta etapa histórica en que se ha recuperado la
democracia como marco de convivencia en paz y progreso. La alternativa
sería un paso atrás, de división y luchas intestinas con objetivos de
vuelo gallináceo. El normal juego de partidos políticos, si éstos se
limitan a la lucha para conquistar o conservar el poder, sin una
ideología clara y profunda de servicio del bien común, es nefasto. En
este aspecto, el sistema democrático en una sociedad inmadura, presenta
muchos agujeros. En mi libro Democracia inacabada, reflexiono
sobre sobre esto. 'Un ciudadano un voto' es bueno y justo para los
intereses y derechos humanos básicos, a partir de aquí la democracia
directa es discutible en muchas sociedades. En las 'democracias
inacabadas' suelen premiarse las políticas y los políticos mediocres o
extremistas.
--¿Entiende ahora la división independentista, con una
crítica feroz de los irredentos a ERC por su abstención en la
investidura de Pedro Sánchez?
--La política es en gran medida lucha por el poder. Cuando el campo
es muy limitado, su reparto es difícil, y con frecuencia deriva en
luchas fratricidas. El independentismo es un terreno acotado que abarca a
menos de la mitad de los ciudadanos de un país también pequeño. De aquí
su división. Y los minoritarios, los 'irredentos', se radicalizan para
sobrevivir. Principalmente en la relación con el poder central. La
moderación les llevaría a su desaparición. El relativo pragmatismo del
desconcertante Junqueras --abstención en la investidura de Sánchez--
le gana espacio al vivaz y atolondrado Puigdemont. Su enfrentamiento,
además, ya llega a lo personal desde la traición de éste fugándose al
extranjero sin decirle nada a su vicepresidente. ¡Vaya!
Manel Manchón
Creo que aunque la entrevista ya a cumplido más de un año,por lo que dice Wifredo Espina está plenamente de actualidad,si más bien agravado sus tintes con las
próximas elecciones de este próximo Febrero 2021.
Tomàs,clase turista,de paso...
Wifredo Espina,toda una lección de periodismo.
-----------------------------
ANEXO. Escrito de Jordi Pujol que publicó "La
Vanguardia" este pasado domingo 22/11/2020 https://www.lavanguardia.com/politica/20201122/49599110196/pujol-president-generalitat-derecho-decicir-catalunya.html