dijous, 10 de març del 2016

Hablando del libro de Julio Camba, "La casa de Lúculo" o "El arte de comer"

Hola amigos y amigas. Hoy voy a comentar un libro que para mí es una maravilla en el arte gastronómico,que hoy en día está tan en boga,con los restaurantes estrellas "miguelines" que digo yo,y los concursos y programas televisivos sobre la cocina. Me refiero al libro "La casa de Lúculo" o "El arte de comer" escrito por Julio Camba el año 1929. 
Julio Camba Andreu (Villanueva de Arosa, Pontevedra; 16 de diciembre de 1884 - Madrid; 28 de febrero de 1962) fue un escritor y periodista español.
https://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Camba  o
http://www.juliocamba.com/
El ejemplar que tengo es de la colección Austral en su séptima edición del año 1968 y que yo lo compré en 1970.En aquella época ya me gustaba tratar y leer estos temas.
Solo comenzar en las primeras páginas nos habla,"de la
teoría de los alimentos y ya los divide en dos categorías principales: alimentos dinamógenos,que engendrán fuerza y calor,y alimentos plásticos,que nutren las células y reponen el desgaste de los tejidos. De otro modo: alimentos-energía y alimentos-materia".
Podeis apreciar que era una persona culta y experta en la materia. Y otro ejemplo que no deseo pasar por alto es las "Normas del perfecto invitado" que termina el libro y deseo que leaís por lo divertido que es.
 NORMAS DEL PERFECTO INVITADO
A C
- Cuando aparezca en la mesa un plato notoriamente inferior a todos los otros, elógiese sin reservas. Indudablemente, ese plato es obra de la dueña de la casa.

- No se lleve usted, nunca, durante la comida, el cuchillo a la boca y reserve para mejor ocasión sus habilidades de tragasables.

- No diga usted jamás: «¡Qué sopa tan rica! Es la mejor sopa que he oído en mi vida»,aludiendo de este modo facecioso al ruido con que la toma su vecino de mesa. Tampoco debe usted, en ningún caso, colaborar con el vecino y tomar parte en el concierto.

- En el restaurante tenga usted siempre un rasgo compensador. Lance generosamente un duro sobre la bandeja del guardarropa y no retire nunca más de cinco pesetas.

- Si la esposa del anfitrión le da a usted a elegir entre el muslo y la pechuga de un pollo, puede usted, según su confianza en la casa, interpretar el tema alegóricamente;pero guárdese muy bien de hacerle cumplidos a ninguna señora, derivándolos de una lengua de vaca, unas manos de ternera, unos pies de cerdo o una cabeza de jabalí. Todos cuantos lo han intentado fracasaron lamentablemente.

- No limpie usted nunca con la servilleta los platos ni los tenedores en un domicilio particular. Ese ejercicio, con el que algunos invitados pretenden demostrar sus hábitos de limpieza, suele producirles —ignoramos por qué— muy mal efecto a las dueñas de la casa.

- El agua del aguamanil, con su rajita flotante de limón, es para limpiarse los dedos.No vaya usted a confundirla con una taza de té a la rusa y se crea obligado a tomarla por cortesía.

- Cuide usted bien a su vecina de mesa, y si le falta pan y vino, pásele el vino o el pan de su vecino a quien no puede usted por menos que suponer un hombre galante.

- Cuando en el restaurante le pase a usted el anfitrión la lista de vinos con el designio evidente de que elija usted el más barato, elija usted el más caro. Así los anfitriones irán aprendiendo a elegir por sí mismos unos vinos pasables.

- No deje usted nunca de «sopear» por un falso concepto de la corrección. Lo incorrecto es devolver a la cocina, sin casi haberla probado, algunas de esas salsas  preciosas que honran a una casa.

- Considere usted, sin embargo, que el barniz de los platos no forma nunca parte de las salsas, y renuncie a él.

- Tenga usted siempre un régimen alimenticio, un régimen contra la obesidad, contra la arteriosclerosis o contra cualquier otra cosa, y cuando le den a usted una mala comida, apóyese en el régimen. Es la mejor política.

- Cuando, en cambio, le ofrezcan a usted una comida excelente, mande el régimen a paseo. Lo mejor de cualquier régimen es el placer de quebrantarlo.

- No imite usted a aquel pundonoroso general que interrogado por una señorita sobre la cantidad de azúcar que necesitaba para su café y habiendo respondido que cuando el café era bueno, él lo tomaba siempre sin azúcar ninguna, probó un sorbito y añadió:
—¿Sería usted tan amable que me echase unos seis o siete terrones?

- Si no sabe usted pelar las frutas de un modo elegante, agárrese a la teoría de las vitaminas y renuncie a pelarlas.

- Cuando quiera usted que vuelvan a invitarle en una casa por la abundancia de comida que haya encontrado en ella, diga usted para despedirse:

—No se puede volver por aquí. Le atiborran ustedes a uno demasiado...

Como pueden comprobar es un libro que recomiendo que tengan en su casa,pues actualmente hay varias colecciones y editoriales que lo han vuelto a reeditar,y algunos a unos precios razonables.
 Tomàs,clase turista,de paso...siempre con Julio Camba.

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